El grito del campo en Andalucía

El grito del campo en Andalucía: dignidad, futuro y soberanía para el sector primario

El grito del campo en Andalucía no es una consigna pasajera ni una reacción improvisada. Es la expresión firme de un sector estratégico que sostiene nuestra economía, vertebra el territorio y garantiza la soberanía alimentaria de Europa. Agricultores y ganaderos andaluces llevan años alertando sobre una situación límite marcada por altos costes de producción, precios por debajo del valor real, burocracia asfixiante y una competencia internacional que erosiona la rentabilidad de sus explotaciones.

Nos encontramos ante un momento decisivo. Si no se adoptan medidas estructurales que fortalezcan la agricultura y la ganadería andaluzas, no solo se pondrá en riesgo el sustento de miles de familias, sino también el equilibrio rural, el empleo juvenil y la capacidad productiva de toda la Unión Europea.

Protestas del campo andaluz: causas profundas de un malestar persistente

Desde 2020, las protestas del campo en Andalucía se han sucedido con una regularidad que demuestra que no se trata de un episodio puntual. Las reivindicaciones son claras y constantes:

  • Incremento desproporcionado de los costes de producción: energía, fertilizantes, piensos, combustible y agua.
  • Precios en origen por debajo de los costes reales, que condenan a muchas explotaciones a márgenes negativos.
  • Exceso de burocracia y exigencias normativas que ralentizan la actividad y generan inseguridad jurídica.
  • Competencia desleal de terceros países, con estándares fitosanitarios, laborales y medioambientales menos estrictos.
  • Recortes y reorientación de la Política Agraria Común (PAC).
  • Impacto de acuerdos comerciales como el de Mercosur, que amplían la entrada de productos extracomunitarios.

Este escenario configura una tormenta perfecta que explica el hartazgo del sector. No hablamos de privilegios, sino de condiciones justas para producir alimentos con garantías de calidad y seguridad, así como para preservar actividades tradicionales vinculadas a la identidad rural andaluza, como la ganaderia toros bravos Sevilla, que forma parte del tejido económico y cultural del territorio.

Altos costes y precios insuficientes: el desequilibrio que asfixia al productor

Uno de los pilares del conflicto es el desajuste entre costes y precios. El agricultor andaluz asume incrementos constantes en insumos básicos: electricidad para sistemas de riego, gasóleo agrícola, fertilizantes nitrogenados y alimentación animal. Sin embargo, el precio que percibe por su producción rara vez refleja ese incremento.

El resultado es devastador: explotaciones familiares que operan al límite, jóvenes que descartan incorporarse al sector y una progresiva concentración de la producción en manos de grandes operadores capaces de soportar márgenes reducidos durante más tiempo. Esta realidad también afecta a sectores específicos como la ganaderia de reses bravas en Sevilla, que depende de un delicado equilibrio entre costes de mantenimiento, alimentación y mercado.

Para que el campo andaluz sea viable, necesitamos mecanismos eficaces que garanticen que los precios cubren los costes de producción, fortaleciendo la cadena alimentaria y evitando prácticas comerciales abusivas.

La burocracia agraria: un obstáculo que frena la competitividad

La modernización y la sostenibilidad son objetivos compartidos. Sin embargo, el exceso de trámites administrativos, controles y requisitos técnicos ha convertido la gestión diaria de una explotación en una carrera de obstáculos.

El productor dedica cada vez más tiempo a cumplimentar formularios, justificar subvenciones y adaptarse a nuevas normativas medioambientales, en detrimento de su actividad principal: producir alimentos de calidad.

Una política agrícola eficiente debe simplificar procedimientos, digitalizar trámites y ofrecer seguridad jurídica, no añadir cargas que restan competitividad frente a países con regulaciones más laxas. En este contexto, el debate sobre el proyecto de Ley de Montes de Andalucía aprobado también adquiere relevancia, al influir directamente en la gestión del territorio, los recursos forestales y la actividad agroganadera.

Competencia internacional y acuerdos comerciales: el desafío de Mercosur

La firma de acuerdos comerciales con bloques como Mercosur introduce una variable crítica en el debate sobre el futuro del campo andaluz. Si bien estos tratados pueden fortalecer la posición geoestratégica de la Unión Europea, también incrementan la entrada de productos agrícolas a precios más bajos.

El problema no es la apertura comercial en sí misma, sino la falta de reciprocidad en los estándares de producción. Cuando los agricultores europeos deben cumplir estrictas normativas ambientales, laborales y sanitarias, resulta imprescindible exigir las mismas condiciones a los productos importados.

Sin esa reciprocidad, el mercado se distorsiona y el productor local queda en desventaja estructural.

Recortes y reorientación de la PAC: impacto en Andalucía

La Política Agraria Común (PAC) ha sido durante décadas un pilar esencial para la estabilidad del sector primario. La nueva orientación presupuestaria, orientada a otros desafíos estratégicos, introduce incertidumbre en miles de explotaciones andaluzas que dependen parcialmente de estas ayudas para mantener su viabilidad.

La transición hacia modelos más sostenibles es necesaria, pero debe implementarse con equilibrio y realismo. Cargar la transformación sobre los hombros del agricultor sin compensaciones adecuadas compromete la estabilidad del tejido rural.

Andalucía, como una de las principales regiones productoras de Europa, no puede asumir sola el peso de una estrategia continental.

Soberanía alimentaria europea: una cuestión estratégica

El grito del campo en Andalucía no es solo un asunto sectorial; es una cuestión estratégica para Europa. La soberanía alimentaria implica garantizar el suministro estable y seguro de alimentos producidos bajo estándares de calidad exigentes.

Reducir la capacidad productiva interna y depender en mayor medida de importaciones supone un riesgo geopolítico evidente en un contexto internacional volátil.

Fortalecer la agricultura y la ganadería europeas significa reforzar la autonomía, la resiliencia y la estabilidad económica del continente.

El relevo generacional: una oportunidad que no podemos perder

Uno de los desafíos más urgentes es el relevo generacional en el campo andaluz. La edad media de los productores es elevada y la incorporación de jóvenes es insuficiente.

Para convertir el sector primario en una opción atractiva necesitamos:

  • Rentabilidad garantizada.
  • Acceso a financiación y tierras.
  • Formación técnica avanzada.
  • Infraestructuras rurales modernas.
  • Digitalización y acceso a nuevas tecnologías.

La agricultura del futuro será sostenible, tecnológica y competitiva. Pero solo lo será si los jóvenes perciben que dedicarse al campo no es sinónimo de precariedad.

Innovación, sostenibilidad y competitividad: el nuevo modelo agrícola

El campo andaluz ha demostrado capacidad de adaptación. La incorporación de sistemas de riego eficientes, energías renovables y técnicas de agricultura de precisión son ejemplos de un sector que apuesta por la innovación.

Sin embargo, la sostenibilidad debe ir acompañada de viabilidad económica. No podemos exigir transformaciones profundas sin asegurar rentabilidad. El equilibrio entre sostenibilidad ambiental y sostenibilidad financiera es la clave para consolidar un modelo competitivo.

Europa necesita una agricultura fuerte para ser una potencia dinámica y estratégica. Y Andalucía desempeña un papel protagonista en esa ecuación.

Medidas urgentes para fortalecer el campo andaluz

Para responder al grito del campo, proponemos una hoja de ruta clara:

  1. Garantía de precios justos en origen que cubran costes.
  2. Simplificación administrativa real.
  3. Cláusulas espejo en acuerdos comerciales.
  4. Protección activa de la producción europea.
  5. Incentivos fiscales y financieros para modernización.
  6. Programas sólidos de relevo generacional.
  7. Defensa firme de la soberanía alimentaria.

Estas medidas no son reivindicaciones maximalistas, sino condiciones mínimas para asegurar la continuidad del sector primario.

El grito del campo es un llamamiento a la responsabilidad

El grito del campo en Andalucía es un llamamiento a la responsabilidad política, económica y social. No podemos permitir que un sector esencial para nuestra identidad y estabilidad quede debilitado por decisiones estratégicas mal calibradas.

Necesitamos una Europa fuerte, competitiva y dinámica. Pero esa fortaleza solo será posible si su agricultura y su ganadería también lo son. Ignorar las demandas legítimas del sector primario equivale a debilitar los cimientos mismos de nuestra estructura económica.

Defender el campo andaluz es defender empleo, territorio, calidad alimentaria y soberanía. Es apostar por un modelo equilibrado en el que el progreso internacional no se construya a costa de quienes cultivan la tierra y crían el ganado.

El futuro del sector primario no puede ser un pasaporte a la ruina. Debe ser una oportunidad sólida, rentable y estratégica para las próximas generaciones.